Freddy Cortés, de Asocolblue (Colombia):
«Hacia el 2020 pensábamos que en dos años se iba a saturar el mercado local, pero no hemos encontrado todavía un techo»
El mercado colombiano de arándanos vive un momento de expansión sostenida. Desde las tierras altas de Cundinamarca y Boyacá, cultivadas entre los 2.400 y 2.800 metros sobre el nivel del mar, la industria ha multiplicado su superficie sembrada de 500 hectáreas hace cinco años a cerca de 1.000 en la actualidad, con proyecciones de alcanzar 1.200 hectáreas antes de que termine 2026.

«El techo en Colombia no ha llegado en cuanto a consumo», afirma Freddy Cortés, presidente de la Asociación Colombiana de Cultivadores de Blueberries (Asocolblue). Y los números lo respaldan: Colombia produjo cerca de 12.000 toneladas en el último periodo, de las cuales el 95% se consumió en el mercado interno, una cifra que sorprendió al propio sector. «Hacia el 2020 pensábamos que en dos años se iba a saturar el mercado local, pero no hemos encontrado todavía un techo», reconoce Cortés.
La altitud a la que se cultiva el arándano colombiano genera condiciones únicas: la marcada diferencia térmica entre el día y la noche favorece la fijación de azúcares, produciendo una fruta con intensidad de sabor y mejor equilibrio entre acidez y dulzor. «Eso va a ser algo diferencial frente a otras latitudes», señala Cortés, quien ve en este atributo organoléptico uno de los pilares de la futura competitividad exportadora del país.

Aunque hoy apenas el 5% de la producción se exporta, los grandes inversores que ingresan al sector —procedentes del negocio de flores, fondos agropecuarios y bancas de inversión— ya están pensando en la internacionalización. «El precio local, que ronda los 10 dólares por kilo frente a los 6,50-7,50 del mercado internacional, explica por qué la fruta permanece en Colombia por ahora. Cuando ya se sature, se va a decantar el mercado internacional», anticipa Cortés.
El principal destino previsto es Estados Unidos, aunque la exportación enfrenta una barrera fitosanitaria relevante: la presencia potencial de mosca de la fruta obliga actualmente a un tratamiento en frío de 15 días antes del ingreso al mercado norteamericano, lo que eleva los tiempos de tránsito a entre 15 y 18 días. Asocolblue trabaja con el ICA desde hace cinco años en el reconocimiento de zonas libres de esta plaga para agilizar el proceso.

Los costos de producción son más elevados que en Perú o México, en parte porque el clima tropical exige cubiertas plásticas para proteger el cultivo durante las temporadas de lluvia. A ello se suma que la mano de obra representa tres cuartas partes del costo total, y en 2026 subió un 24% por el incremento del salario mínimo decretado por el gobierno.
En materia varietal, la industria aún está en fase de experimentación. Variedades como Biloxi o Legacy están siendo reemplazadas progresivamente por materiales de la Universidad de Florida y de Planasa, aunque Cortés es cauto: «Nos faltan un par de años para entender cuál sería la mejor variedad».
A pesar de los desafíos, el atractivo inversor se mantiene. «Sigue habiendo un buen modelo de negocio donde se ve que a futuro es sostenible», concluye Cortés, quien invita a los inversores internacionales a apostar por Colombia, destacando su capacidad de producción durante las 52 semanas del año como un argumento diferenciador frente a otros orígenes del hemisferio.
Para más información:
Fredy Cortés
Asociación Colombiana de Cultivadores de Blueberries – Asocolblue
Colombia
Tel.: +57 3153205557
presidenciajd@asocolblue.com
https://asocolblue.com/ Fecha de publicación: lun. 1 jun. 2026